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Gabriel Rolón y la trampa de vivir en el "después": cuando la felicidad se muda al recuerdo o al futuro

El psicólogo y escritor repasó el lugar que ocupan los recuerdos y los proyectos en la búsqueda del bienestar. Advirtió que idealizar el pasado o postergar el presente deja a la persona mirando la vida desde afuera, sin tomarse el tiempo de sentirse bien acá y ahora.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 24 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A veces uno camina por la calle y se cruza con gente que parece tener la cabeza en otro lado. No en el sentido de distraída, sino en el sentido de que está en otro tiempo. Hay quienes viven instalados en el futuro, planeando ese viaje, ese ascenso, esa casa nueva que va a llegar y que, cuando llegue, va a resolverlo todo. Y hay quienes viven en el pasado, en esa foto retocada de la infancia o de la familia, en esa versión idealizada que la memoria fue acomodando con el paso de los años. Para el psicólogo y escritor Gabriel Rolón, las dos son trampas parecidas: son formas de bajarse de la vida antes de tiempo.

Rolón habló de los recuerdos y de los proyectos, y de cómo las personas los usan para armar una idea de felicidad que nunca termina de cuajar. Los recuerdos, reconoció, cumplen una función: permiten entender la propia historia, dimensionar los esfuerzos, valorar los vínculos. Eso no lo discute. Lo que discute es cuando esa historia editada se vuelve el único lugar donde uno se permite estar bien.

Recuerdos: la edición de la memoria

"Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos", describió Rolón, y lo dijo como quien comenta algo que ve todos los días en el consultorio. Puso un ejemplo bien concreto: los padres que ya no están suelen aparecer en la memoria de sus hijos como personas más nobles, más sensibles, más pacientes de lo que fueron en la vida cotidiana. Y la infancia, por lo general, se reconstruye como una etapa más bella de lo que realmente fue.

“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón

El problema no es recordar. El problema es cuánto lugar ocupa ese recuerdo editado en la vida de hoy. Cuando alguien se aferra demasiado a esa imagen idealizada, dejó de laburar en la posibilidad de construir algo bueno acá, en el presente. Se quedó pegado en una foto.

Proyectos: soñar, pero no postergar

Pasa algo parecido con los sueños. Para Rolón, tener proyectos sigue siendo importante, y de hecho nunca cuestiona la expectativa de encontrar algo bueno más adelante. Lo que cuestiona es la postergación permanente, ese mecanismo tan argentino de decirse a uno mismo "ya me voy a sentir bien" pero nunca ahora, nunca con lo que hay hoy. Como si la vida propia fuera un borrador esperando la versión definitiva.

“Intentemos algo aquí, ahora.”Gabriel Rolón

Después de escucharlo, me acordé de Tomás, un vecino de 52 años que me cruzé la semana pasada en el café de la esquina. Me contó que hace años espera "el momento justo" para empezar a hacer lo que le gusta, que es escribir, y mientras tanto se pasa los días hablando del libro que va a escribir algún día. Cuando le pregunté por qué no empezaba, me dijo casi en chiste: "Y, todavía no es el momento". Rolón le habría contestado con su frase: "No nos bajemos de la vida antes de tiempo".

  • Los recuerdos valen para entender la propia historia, pero la memoria los edita y los embellece.
  • Aferrarse a esa versión idealizada del pasado puede ocupar el lugar de la felicidad presente.
  • Los proyectos y los sueños siguen siendo importantes: el problema es postergarlos de manera permanente.
  • La búsqueda del bienestar también puede tener lugar acá, en la vida actual, con lo que hay.
  • Reconocer momentos felices no significa construir la identidad sólo desde esa foto retocada.
  • "No nos bajemos de la vida antes de tiempo", es el llamado de atención del psicólogo.

Tomás se rio cuando le conté la frase de Rolón, pero se quedó pensando. A veces uno necesita que alguien le diga en voz alta lo que ya sabe, para dejarse de hacer el distraído con la vida propia. La trampa no es haber sido feliz ni querer ser feliz. La trampa es vivir como si una de esas dos cosas fuera incompatible con lo que está pasando hoy, un martes cualquiera, mientras uno toma un café en una esquina de Buenos Aires.

EP

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