Lunes, 31 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaTurismo
Turismo /

Empanadas de autor en Belgrano: la apuesta de Amalgama que se agota antes del cierre

Pedro Bargero, ex Chila, se juntó con Marco Scolnik y Andrés Porcel para darle rigor de alta cocina a un producto que, según entienden los socios, todavía no tiene su lugar en Buenos Aires. Abre pocas horas, no tiene delivery y cuando se termina el stock, baja la persiana.

Por Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña · 31 de agosto de 2026 · hace 1 h

El parte de nieve de esta nota no tiene glaciares ni cordillera: tiene una pequeña vereda en Mendoza 1437, a dos cuadras del Barrio Chino de Belgrano, donde desde hace unas semanas funciona un local pintado de rosa intenso que se anima a una operación rara para Buenos Aires. Abre aproximadamente tres horas por día, no trabaja con ninguna app de reparto, no tiene delivery y cierra cuando se termina el stock. La empanada, aquí, se cocina con tiempos de horno de barro o aceite de oliva extra virgen, con cebolla agroecológica y carne Angus, y se cobra a 4.500 pesos la unidad. Cuando se acaban, se acabó. Lo que queda se cuenta por Whatsapp, por el boca a boca y por la fila que se arma antes del horario de apertura.

Yo pasé por el lugar en una de esas recorridas que uno hace cuando le llega un dato que suena raro: un ex Chila abriendo un local de empanadas con técnica de alta cocina en un barrio porteño que no es ni Salta ni Tucumán ni Catamarca. La pregunta era simple. ¿Por qué la empanada? La respuesta la dio Pedro Bargero, que fue el que atendió esa mañana, con una franqueza que ya se le notaba en los platos que supo cocinar en la barra de Chila. "La empanada argentina no tiene, en Buenos Aires, un lugar que la trate con la misma atención que reciben otros productos populares en el mundo", me dijo Pedro, parado junto a la mesada, con un delantal blanco y la misma calma con la que alguna vez emplató en el restaurante de Pedro Bargero (sí, comparte nombre con el local, no es un error: son familia, él es el cocinero).

Una plataforma con nombre propio y un proyecto piloto

El formato se llama Amalgama Gastronómica y no es un restaurante clásico sino una plataforma que agrupa proyectos de consumo masivo con lógica de alta cocina. La empanada es la primera apuesta de la cartera y funciona, en palabras de Marco Scolnik, que también está detrás del proyecto junto a Andrés Porcel, como una suerte de banco de pruebas: lo que se aprende acá se traslada después a otros productos. Por eso el local es chico, el horario es corto y la inauguración formal quedó para octubre, cuando se sumen mesas y sillas en la vereda y un turno nocturno que prevén habilitar a mediados de septiembre.

  • Carne (horno de leña): bife de chorizo y asado picado grueso, cebolla caramelizada, morrón, pimentón ahumado y comino.
  • Jamón y queso: jamón natural, mozzarella, tybo estacionado y orégano fresco.
  • Pollo (horno de leña): pollo asado, verdeo, morrón asado y nuez moscada.
  • Humita (frita): choclo, queso cremoso y pimentón dulce.
  • Pacú ahumado a la leña (frita): con cebolla, morrón y huevo, en clave de empanada de pescado del Litoral.
  • Una empanada de la semana, rotatoria, que se anunciará por redes según producto de estación.

Todas miden 11 centímetros, un tamaño pensado para tres o cuatro bocados y, sobre todo, para que el comensal pueda combinar sabores en una misma comida. La lógica es casi de tapeo: una carne, una humita, un pacú y, si el hambre aprieta, un cierre con la de jamón y queso, que es la única que sale 4.800 pesos. Las demás se pagan 4.500. Las salsas, tres en total, valen 1.500 cada una: una picante, un chimichurri rojo clásico y una yasgua de tomates con ajo y oliva. Para las fritas hay rodajas de limón. La carne es Angus (ojo de bife más un corte de asado con un porcentaje de grasa definido), las cebollas son agroecológicas y la cocción se hace en aceite de oliva extra Virgen para las fritas o en horno de barro para las horneadas, con tiempos de piso, vuelta y caramelizado que se controlan como en cualquier servicio de cocina profesional. "El horno de barro no perdona: si te pasás un minuto, te queda seca la masa. Por eso las hacemos de a tandas chicas", me explicó un pistero que se presentó como Andrés, mientras acomodaba una fuente con las de pollo recién salidas.

Por qué no hay delivery y qué esperar en las próximas semanas

La decisión de no trabajar con ninguna app de reparto no es un capricho ni una pose marketinera: es una lectura del producto. Las empanadas fritas pierden crocantez en veinte minutos dentro de una bolsa térmica; las horneadas se enfrían y la masa se ablanda. Servirlas a treinta minutos del local significaría entregar algo que ya no representa lo que el equipo quiere representar. Por eso el take away es la única modalidad posible hoy y por eso también el local cierra cuando se termina el stock: no se cocina de más, no se guarda, no se recalienta. La inauguración formal en octubre vendrá con dos cambios concretos que vale anotar: se sumará turno nocturno y se habilitarán mesas y sillas en la vereda, para comer en el lugar sin pasar por la fila del take away. Quienes viajen desde otras zonas de la ciudad o estén de paso por Belgrano, conviene tener dos cosas en cuenta antes de ir.

Mi consejo práctico, después de la recorrida, es el siguiente: llegar entre veinte y treinta minutos antes de la apertura para asegurarse un lugar en la fila con stock disponible, llevar efectivo o confirmar el medio de pago que aceptan ese día (no todas las semanas es el mismo), y armarse un pedido de al menos cuatro unidades para aprovechar la lógica combinatoria de la carta. La de carne y la de humita son, por sabor y por equilibrio de la masa, el mejor punto de partida para quien nunca fue. Quien quiera probar la rareza del Litoral en formato porteño, vaya directo a la de pacú ahumado: es frita, tiene huevo y un punto de humo que se nota, y probablemente sea la que más temprano se agote. Y un detalle que me pareció clave y que vale repetir: si están pensando en pedir por Rappi o por PedidosYa, olvídenlo. Acá la única forma de comer empanadas de Amalgama es ir a buscarlas. Cuando se terminan, se terminaron. Eso, en Buenos Aires, también es una forma de alta cocina.

NQ
Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña

Te puede interesar