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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El Carqueque, la huella olvidada que cruza la Payunia mendocina entre castillos de piedra y pasos de nieve

Recorrí los 82 kilómetros de camino de ripio y barro que conectan Malargüe con Valle Noble, una travesía sin señalización ni estaciones de servicio que atraviesa los refugios donde se escondieron los hermanos Pincheira y trepa hasta los 2.800 metros del Portezuelo.

Por Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña · · hace 1 d
El Carqueque, la huella olvidada que cruza la Payunia mendocina entre castillos de piedra y pasos de nieve

Arranco la nota como me gusta arrancar cada mañana en la ruta: contándoles el parte de nieve y el clima del día. En Malargüe el termómetro marca siete grados, hay sol tibio sobre la plaza y el viento sopla desde el oeste, como siempre que la cordillera decide hacerse notar. Pero el parte que importa, el que consultan los que van a meterse en el Camino del Carqueque, dice otra cosa: en el Portezuelo hay veinte centímetros de nieve fresca, piso helado en las laderas que miran al sur y barro profundo en los tramos donde la huella cruza los arroyos que bajan del cordón del Carqueque. Quien piense subir hoy tiene que llevar cadenas, doble cubierta de repuesto y la ropa de abrigo pensando en que, a apenas cuarenta minutos de la ciudad, puede estar granizando.

Les cuento lo que viví en mi propia recorrida, porque esta es una nota que se cuenta desde el volante y desde el caminar. El Carqueque no es un camino convencional: no tiene número de ruta, no figura señalizado con los clásicos mojones verdes del Dirección Nacional de Vialidad y, en los mapas oficiales, aparece como Camino El Carqueque o circuito Castillos de Pincheira/Carqueque. Son 82,8 kilómetros de huella pura, desde la ciudad de Malargüe hasta su empalme con la Ruta Provincial 226 en Valle Noble, pasando por quebradas, puestos ganaderos, bardas de color ocre y tramos de nieve que aparecen de golpe cuando uno menos se lo espera.

Los Castillos de Pincheira, la primera parada que parece de otro planeta

A menos de treinta kilómetros de Malargüe, todavía con el asfalto bajo las ruedas, aparece la primera parada que justifica por sí sola el viaje: los Castillos de Pincheira. Lo que uno ve es un conjunto de torres, murallas y agujas de piedra que parecen levantadas por una mano gigante, pero en realidad fueron esculpidas por la erosión de siglos sobre materiales sedimentarios y volcánicos. El sitio integra una reserva natural que no es sólo una postales: protege la cuenca alta del río Malargüe, que es nada menos que la única cuenca endorreica de Mendoza, es decir, una cuenca cuyas aguas no llegan al mar sino que se pierden en la laguna de Llancanelo, uno de los humedales más importantes del sur provincial.

El nombre, claro, no viene de la geología sino de la historia más cruda de la frontera. Por estos pagos se movieron entre 1818 y 1832 los hermanos Pincheira, Antonio, Santos, Pablo y José Antonio, al frente de una montonera que llegó a sumar varios cientos de hombres y que usó las quebradas del Carqueque como zona de refugio y vigilancia, en un ida y vuelta permanente entre Chile y la Argentina posterior a la Independencia. La banda fue desarticulada finalmente en 1832 por las fuerzas chilenas que mandaba el general Manuel Bulnes, pero la huella de su paso sigue viva en la toponimia, en los corridos que cantan los puesteros y, sobre todo, en el nombre de estas rocas.

Del Portezuelo al Puente Amarillo: la montaña que cambia de humor en media curva

Pasado el sector de los castillos, la huella empieza a subir con pendiente marcada hacia el Portezuelo del Carqueque, donde la altura máxima ronda los 2.800 metros. Ahí el clima se vuelve loco, como me lo repite cada vez que paso de Juan Manuel, el pistero de Malargüe que más conoce estos pasos: en el pueblo puede estar soleado y a veinte kilómetros, en el mismo momento, estar nevando; en una curva el piso puede estar firme y cien metros más adelante, sin que uno entienda por qué, aparecer un tramo de barro que te come la camioneta hasta los paragolpes. El que conozca la zona sabe que esa es la regla del Carqueque, y el que no la conoce, la aprende rápido.

Si uno completa el cruce, el descenso lo lleva al Puente Amarillo, donde la huella desemboca en la Ruta Provincial 226. Desde ese cruce las opciones se abren como una mano: se puede seguir hacia Valle Noble, El Azufre y el Paso Internacional Planchón-Vergara, el que comunica con Curicó en el vecino país, o bien girar hacia Las Loicas y retomar la Ruta Nacional 145. Lo que no siempre se dice, y que a mí me parece el dato más jugoso para el lector, es que el Carqueque acorta en unos setenta kilómetros la vinculación entre Malargüe y todo ese sector cordillerano respecto del circuito habitual por Bardas Blancas y la 145.

  • No tiene número de ruta asignado ni señalización turística convencional.
  • No hay estaciones de servicio en todo el trazado: cargar combustible en Malargüe antes de salir.
  • La altura máxima ronda los 2.800 metros en el Portezuelo del Carqueque.
  • Atraviesa puestos ganaderos activos, por lo que hay que respetar al ganado y cerrar los alambrados que se abre.
  • El tramo es exigencia técnica real: huella de ripio, barro, nieve y piedra suelta según la época del año.
  • La reserva protege la cuenca endorreica del río Malargüe, que alimenta la laguna de Llancanelo.

Cierro la nota como me gusta cerrarla, con un consejo práctico para el que viaja. Si están pensando en meterse en el Carqueque, háganlo en camioneta alta, con buen angular de ataque y dos cubiertas de repuesto en buen estado; salgan con el tanque lleno desde Malargüe, lleven agua para dos días, comida para uno, y avisen siempre en algún puesto del camino a qué hora piensan regresar. Y si van en invierno, como es mi caso esta mañana, no se confíen del sol de la ciudad: el que manda en el Carqueque es el cielo del portezuelo, y ese cambia sin pedir permiso.

NQ
Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña

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