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Martes, 29 de septiembre de 2026
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Doce series para sobrevivir al fin de semana largo sin salir de casa

Desde los veinte minutos filosos de El colapso hasta los años de Los Durrell en Corfú, un recorrido por ficciones que van del suspenso a la comedia pasando por el duelo, los pueblos rurales y las conspiraciones más delirantes. Para elegir sin perderse.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · · hace 20 min
Doce series para sobrevivir al fin de semana largo sin salir de casa

A veces el dilema no es si mirar serie o no, sino cuántas horas del fin de semana estamos dispuestos a hipotecar. (Digo hipotecar porque después hay que explicar en casa por qué el domingo a la mañana nadie se levantó a hacer el asado.) La selección de doce ficciones que llegó al portal sirve justo para eso: para entrar rápido o para quedarse un mes entero pegado al sillón. Acá va la guía, con la dosis habitual de ironía y algún consejo sin vueltas.

Cortas, largas y de todos los colores

La duración puede ser una buena brújula. El colapso propone ocho episodios de unos veinte minutos, con relatos independientes sobre personas que buscan sobrevivir al derrumbe de la sociedad. Cada capítulo está rodado en plano secuencia, esa pirotecnia técnica que en manos de un director mediocre es un capricho y en manos de un genio es una descarga de adrenalina. Para el otro extremo, Los Durrell tiene cuatro temporadas y sigue a una familia inglesa que se instala en Corfú a partir de la autobiografía de Gerald Durrell. Es de esas series que se ven con mate, frazada y la sensación de que la vida en una isla griega siempre fue más fácil que en el valle.

Tres formas distintas de pasar miedo

El suspenso aparece por varios carriles. En La ruta del dinero, producción danesa, el hallazgo de un trabajador muerto en un parque eólico abre una investigación sobre prácticas empresariales. Glue, creada por Jack Thorne, lleva el misterio a un pueblo rural inglés: un cadáver debajo de un tractor expone los secretos de un grupo de adolescentes, que es la forma literaria de decir que nadie en ese pueblo duerme tranquilo. Y Utopia, de Dennis Kelly, se entrega a la conspiración sin pudor: unos usuarios de un foro se topan con el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes, y a partir de ahí empieza una persecución que no da respiro.

Pérdidas, duelos y vínculos que pesan

Hay otra camada de ficciones donde lo que duele no es un asesino serial sino la vida misma. En The Virtues, Stephen Graham interpreta a Joseph, que vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma infantil y reencontrarse con su hermana. Big Boys trabaja el duelo desde la universidad: Jack llega después de un año encerrado en su casa tras la muerte de su padre y conoce a Danny, su compañero de habitación. Son tres temporadas, humor inglés y una sensibilidad que desarma. Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston, se mueve en otra frecuencia: una muerte, una boda y un romance modifican las rutinas de dos amigos inseparables. Y Todas las criaturas grandes y pequeñas, que ya lleva seis temporadas, es el refugio ideal para los fans del campo: el joven veterinario James Herriot en el Yorkshire de antaño, con partos de vacas y diálogos suaves.

Russell T. Davies y el podio de la mala leche británica

Dos creaciones de Russell T. Davies cierran el recorrido. Queer As Folk retrata a tres hombres gays en Manchester y sigue siendo, a pesar de los años, un retrato incómodo y necesario. Nolly rescata a Helena Bonham Carter en la piel de Noele Gordon, la estrella televisiva dueña de un kingdom llamado Crossroads, caída en desgracia con el público y a los tiros con la dirección del canal. La tercera pata es Such Brave Girls, centrada en las hermanas Josie y Billy y su madre soltera, una comedia ácida que trata el trauma familiar con la elegancia de un portazo.

Mi recomendación, si me dejan opinar: arranquen por El colapso un martes a la noche, cuando el cuerpo pide algo corto e intenso, y guarden Los Durrell para el domingo lento de lluvia. Y si alguien del público necesita consolarse, Leonard y Hungry Paul es la serie perfecta para mirar abrazado a la almohada y creer, por un rato, que la bondad todavía es rentable.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

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