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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dependencia emocional en la pareja: las señales cotidianas que el cuerpo y la rutina suelen advertir antes que un diagnóstico

Una revisión de 102 estudios vinculó la dependencia emocional con la autoestima baja, aunque los investigadores aclaran que no se trata de un cuadro clínico cerrado. Especialistas insisten en mirar los gestos de todos los días y no quedarse con la intensidad del enamoramiento.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 11 d
Dependencia emocional en la pareja: las señales cotidianas que el cuerpo y la rutina suelen advertir antes que un diagnóstico

Llegué a la esquina y la vi a Graciela, 52 años, sentada en el umbral de su casa con el café entre las manos. Hacía años que no hablaba con ella y, en unos minutos de charla en la vereda, me contó algo que me dejó pensando. Me dijo que hacía un buen rato que no salía sola a buscar el pan porque, cada vez que lo intentaba, temía que su pareja se enojara. Graciela lo dijo sin dramatizar, casi como quien comenta que cambió la ruta del colectivo, pero sus palabras se me quedaron dando vueltas mientras caminaba las tres cuadras que separaban su casa de la mía. Esa misma tarde, mientras hojeaba materiales sobre vínculos afectivos, me topé con una revisión de 102 investigaciones publicadas a lo largo de los años y reunidas en un análisis reciente que volvió a poner el tema en el centro de la conversación pública.

El trabajo mal seguro que la dependencia emocional aparece asociada con la autoestima baja, con distintas formas de violencia psicológica y con dificultades vinculadas al apego. Sin embargo, los propios autores aclaran que los estudios analizados usaron criterios diferentes y que los resultados no sirven para diagnosticar a nadie en particular ni para reducir el problema a una sola causa. Conviene decir que tampoco permiten mezclar, como suele pasar en las notas y en las redes, la dependencia emocional con el llamado amor maníaco o con la llamada adicción al amor, que son fenómenos distintos y con sus propias particularidades.

Las pistas que aparecen en lo cotidiano

  • Callar una necesidad para evitar una discusión o resignar un plan propio para sostener la paz de la pareja.
  • Dejar de ver amistades o abandonar responsabilidades porque la otra persona no lo tolera o porque uno mismo no se anima a sostenerlas.
  • Necesitar la aprobación de la pareja para tomar decisiones que afectan la propia vida, desde un gasto hasta un cambio de trabajo.
  • Considerar a la pareja como incapaz de explicar cualquier error o imaginar que ningún proyecto personal es posible sin su presencia.

Desde la vereda de Graciela hasta la lectura pausada de esos 102 estudios, lo que aparece una y otra vez es que la clave no está en medir las horas compartidas ni en discutir si el amor es mucho o poco. Está en mirar las consecuencias de los quehacer cotidiano con la otra persona, empezando por la forma en que se resuelven los desacuerdos, por el lugar que ocupa cada uno en las decisiones que se toman de verdad y por el espacio que conserva cada uno para sus propios proyectos, sus propias amistades y su propio descanso.

“La intimidad y la cooperación pueden desarrollarse sin desplazar la identidad personal. Pedir compañía durante una dificultad o compartir una preocupación no supone, por sí mismo, perder autonomía. La diferencia aparece cuando sostener la relación implica relegar de manera persistente amistades, responsabilidades o intereses propios.”American Psychological Association

El apoyo afectivo, según coinciden los trabajos revisados, puede convivir con límites claros y con proyectos propios, sin que una sola persona termine concentrando toda la responsabilidad por el bienestar de la otra. La dependencia emocional, además, no figura como un diagnóstico independiente en los principales manuales de salud mental, sino que describe patrones de relación que pueden darse en distintos contextos y que, cuando generan sufrimiento sostenido, suelen requerir acompañamiento profesional. El apego, en tanto, menciona cómo cada uno busca estar cerca y sentirse seguro con los demás, y es una pieza más del rompecabezas, no un sinónimo de estar enamorado o de estar enfermo de amor.

Antes de cerrar la nota volví a pasar por la casa de Graciela. Esta vez no estaba en el umbral, pero alcancé a verla por la ventana, tejiendo algo con las manos mientras miraba la tele. Cuando me vio, levantó la mano y me dijo, con una media sonrisa, que esa tarde había salido a buscar el pan sola y que había vuelto sin problemas. Me lo dijo como quien cuenta una pequeña victoria, y tal vez eso sea lo que más me quedó: que la autonomía no se construye de un día para el otro, sino en gestos chiquitos que, sumados, empiezan a devolverle a uno el lugar propio dentro de la pareja.

EP

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