Cuentapropismo informal: ingresos un 61% más bajos que los formales y una marcada brecha por rama de actividad
El primer trimestre de 2026 dejó una distancia marcada entre quienes trabajan por cuenta propia con y sin registro, según el Instituto Universitario CIAS. El comercio, la construcción y los servicios personales concentran la mayor parte de estas ocupaciones, en muchos casos por necesidad.
El ingreso promedio de los trabajadores independientes no registrados se ubicó en torno a los $541.000 mensuales durante el primer trimestre de 2026, de acuerdo con el relevamiento difundido por el Instituto Universitario CIAS. La cifra constituye el punto de partida para dimensionar la brecha que separa a este segmento de otras modalidades de inserción laboral en el país, una diferencia que también se replica cuando los valores se expresan en pesos por hora trabajada.
Al desglosar el dato, la mediana fue de $400.000: la mitad de los cuentapropistas informales cobró hasta ese monto, y el resto se repartió por encima de esa referencia. La distribución, además, muestra una dispersión significativa, ya que el 55% de quienes trabajan por cuenta propia sin registro obtuvo ingresos inferiores al valor de una canasta básica para un adulto, lo que ubica a una porción mayoritaria de este grupo por debajo del umbral elemental de subsistencia.
La comparación con un año atrás y la brecha con los formales
El contraste más elocuente surge al comparar estos registros con los de los cuentapropistas formales, que percibieron un promedio mensual de $1.391.000, y con el ingreso medio del conjunto de los ocupados, que alcanzó los $1.104.000. En términos relativos, el ingreso promedio de los informales equivale a cerca del 49% del percibido por los formales y al 49% del promedio general. Si se considera la remuneración por hora, la diferencia se amplía: $4.435 frente a $9.154 entre los registrados, un 52% menos para quienes trabajan sin estar inscriptos.
La dedicación horaria no alcanza para explicar la brecha. Los trabajadores independientes no registrados destinaron a su actividad un promedio de 30,5 horas semanales, mientras que los formales trabajaron 38 horas. Es decir, los primeros dedicaron cerca del 80% del tiempo de los segundos y, aun así, obtuvieron alrededor del 39% del ingreso mensual, una desproporción que pone en evidencia la fragilidad estructural de esta inserción. En este marco, el 29% manifestó tener menos horas de trabajo de las que deseaba, lo que combina menor volumen de tareas con menor pago por hora.
Dónde se concentran los cuentapropistas informales
- Comercio: 635.000 personas, el 30% del total, con presencia de almacenes, kioscos, puestos en ferias y ventas por internet.
- Construcción de pequeña escala: 402.000 personas, el 19%, con predominio de arreglos domiciliarios y changas.
- Servicios personales: 354.000 personas, el 17%, donde se incluyen peluquería, jardinería, estética y cuidado.
- Otras ramas de menor peso: reparaciones, producción artesanal, transporte de pasajeros y preparación de comida.
La caracterización de estas ocupaciones como un fenómeno de necesidad surge del propio operativo estadístico. El CIAS, siglas del Centro de Investigación y Acción Social, señaló que el 76% de los trabajadores por cuenta propia informales carece de un local y que el 22% no dispone ni de local ni de máquinas ni de vehículo para desarrollar la tarea. Santiago Poy, vicerrector de la entidad, describió esta inserción como un “cuentapropismo de necesidad”, una definición que apunta al origen de la actividad más que a una elección voluntaria de modalidad laboral.
Peso creciente en el empleo total
El segundo trimestre de 2026 dejó además una foto actualizada del trabajo independiente en su conjunto. El rubro representó el 25,5% de los ocupados, 1,8 puntos porcentuales más que en igual período del año anterior, un aumento equivalente a unas 307.000 personas. La suba, descrita en términos relativos como un incremento interanual cercano al 7,2% en la participación, muestra que la dependencia de ingresos autogestionados continúa ganando espacio dentro del mercado laboral argentino.
Quedan por confirmarse varios elementos que el propio relevamiento no termina de cerrar para el conjunto del corriente año: la evolución de los ingresos reales de los informales en los trimestres siguientes, el grado de persistencia de la brecha por hora trabajada y si la canasta básica considerada se mantiene como referencia válida para dimensionar la pobreza en este segmento. También resta conocer si la dinámica de mayor cantidad de horas disponibles —hoy insatisfecha en parte del grupo— se traduce en una mejora efectiva del ingreso promedio o si, por el contrario, consolida la estructura de bajos retornos que describen los datos difundidos.
