Jueves, 24 de septiembre de 2026
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Cuatro capítulos, una isla y un Holmes que ya se retiró: Netflix le mete mano a Pérez-Reverte

La miniserie «El problema final» llega con José Coronado como un actor devenido detective, Félix Viscarret en la dirección y un crimen incomunicable que huele a clásico de suspenso. Un cruce entre Sherlock Holmes y el siglo XX que se mira con pochoclo y un guiño.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · 24 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá estamos una vez más delante de la máquina de fabricar misterios con aroma añejo, esa que Netflix activa cada tanto como quien destapa un frasco de pickles: con la certeza de que algo va a picar. Esta vez le toca a «El problema final», una miniserie de cuatro capítulos que adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte, dirigida por Félix Viscarret y con José Coronado como protagonista absoluto. La fórmula es vieja como el whodunit: un crimen, una isla incomunicada y un tipo que parece saber más de lo que dice. Pero acá la trampa está en el casting.

Porque Coronado no encarna a un detective clásico: encarna a un actor que en su juventud interpretó a Sherlock Holmes en el cine y que ahora, pasados los años, se topa con un asesinato en 1959 en un lugar al que no se puede entrar ni salir por un buen rato. Su personaje carga con el lastre de haber sido la cara del detective más famoso del mundo y, claro, eso condiciona todo: cómo mira la escena del crimen, cómo encara a los sospechosos y hasta cómo sostiene el cigarrillo (sí, hay cigarrillos, muchos).

Un homenaje a Rathbone y a las películas de antes

El detalle que los guionistas —Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré— sembraron con cariño de coleccionista es el apellido del protagonista: una referencia directa a Basil Rathbone, el actor que dejó su cara asociada para siempre al Holmes de Hollywood. No es un guiño al pasar: es el motor oculto del relato, porque todo el lenguaje del personaje —las deducciones, los silencios, la pose de sabiondo— bebe de ese cine de detectives de los años treinta y cuarenta.

Viscarret no esconde las cartas: las aperturas de los capítulos muestran a Coronado en pleno traje holmesiano, filmado con esa luz contrastada que parece sacada de un negativo gastado. Después, la historia se asienta en la isla, en los diálogos filosos y en un humor que aparece cuando el suspense afloja, como para que el espectador respire antes del próximo golpe de efecto. (Acá me permito un comentario al margen: cuando el género se toma en serio sin tomarse demasiado en serio, el resultado suele ser mejor que cuando va de solemne.)

Para mí, la mejor parte es el personaje

Reconozcanmélo: a mí lo que me engancha de una serie de misterio nunca es el rompecabezas, son los personajes que lo arman. Si el detective me cae mal, si el sospechoso me aburre, si el móvil del crimen me suena a excusa, el whodunit entero se desinfla como un globo en un cumpleaños. Acá, por suerte, el viejo actor que fue Holmes y hoy es un señor con pasado glorioso y presente con arrugas me resulta querible desde el primer minuto. Y eso, en un género tan transitado como este, es media serie ganada.

Mi recomendación, entonces, es sin vueltas: si les gusta el suspenso con aroma a película antigua, si Coronado les suena a garantía y si tienen dos horas libres esta semana, dense el gusto. Después me cuentan quién fue. Yo todavía estoy decidiendo.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

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