Sábado, 5 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaVida
Vida /

Cuando el cuerpo no puede usar lo que come: la mutación que explica malestares que la medicina suele dejar flotando

Afecta a casi la mitad de la población y rara vez aparece en el consultorio. Ansiedad, falta de concentración y complicaciones en el embarazo pueden tener un mismo origen genético, y existe un ajuste concreto para resolverlo. Lo que hay que saber.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 5 de septiembre de 2026 · hace 10 h

Vine a esta nota por una pregunta que me persiguió durante años y que, cada vez que la hacía en voz alta, terminaba enterrada bajo un gesto genérico del médico de turno y una indicación de ácido fólico que no me calmaba ni el cansancio ni la niebla mental. La respuesta, me enteré mientras investigaba para escribirla, está en un gen del que casi nadie habla en el consultorio: el MTHFR, una sigla larga y fea que, sin embargo, ordena un montón de malestares que muchos cargan sin saber por qué.

El MTHFR, que responde al nombre completo de metilentetrahidrofolato reductasa, cumple una tarea específica dentro del organismo: transformar el folato que ingresa por los alimentos o los suplementos en su forma activa, la única que el cuerpo realmente puede aprovechar. Cuando ese gen presenta una variante común, esa conversión falla. El resultado es engañoso: la persona consume folato, tiene niveles aceptables en los análisis de rutina y, sin embargo, funciona como si le faltara, porque lo que recibe no se convierte en lo que necesita.

Una variante que está en casi la mitad de la población

La mutación está presente en alrededor del 46 por ciento de las personas a nivel global, según las estimaciones que circulan en la literatura especializada. Quienes la portan pueden experimentar una mayor incidencia de ansiedad, de trastorno por déficit de atención e hiperactividad y de abortos espontáneos, un listado de problemas que rara vez se vinculan, en una consulta promedio, con una causa genética identificable y tratable.

“Las personas no están rotas, simplemente tienen una deficiencia.”Gary Brecka, especialista en biología humana

La frase pertenece a Gary Brecka, un especialista en biología humana que viene difundiendo esta lectura hace años y que insiste en un punto clave: la solución no requiere grandes cambios ni tratamientos invasivos, sino información precisa en el momento justo.

El ajuste concreto: cambiar ácido fólico por metilfolato

  • Reemplazar el ácido fólico sintético por metilfolato, también conocido como 5-MTHF, que es la forma que el cuerpo asimila de manera directa, sin necesidad de conversión.
  • Prestar atención a las vitaminas prenatales: para una mujer en etapa gestacional que porta la variante, la versión metilada es la indicada.
  • Recordar que el folato está presente de forma natural en alimentos verdes, legumbres y algunas frutas, mientras que el ácido fólico es un compuesto de laboratorio sintetizado por primera vez en 1943.

Desde 1993, varios países incorporaron por ley el ácido fólico a los granos procesados, como panes, harinas, cereales y pastas, con el objetivo de prevenir defectos del tubo neural en embarazos. Para la mitad de la población que tiene la mutación, ese agregado no solo resulta inútil: puede acumularse sin procesarse, porque el organismo no cuenta con la herramienta genética para convertirlo en algo utilizable.

El otro nutriente que cambia las reglas del juego

Hay un segundo nutriente que conviene poner sobre la mesa cuando se habla de salud que no se ve, pero se siente: la vitamina D3. El rango clínico habitual se mueve entre 30 y 100 nanogramos por decilitro, pero estar en el borde inferior, cerca de los 30, es en la práctica una deficiencia, aunque el análisis aparezca como normal.

La evidencia disponible asocia niveles de entre 60 y 80 nanogramos por decilitro con un menor riesgo de ciertas enfermedades, entre ellas el cáncer de mama en mujeres. La recomendación mínima sugerida es de 5.000 unidades internacionales diarias, incluso para quienes se exponen al sol con regularidad, porque la síntesis cutánea rara vez alcanza para cubrir el requerimiento real en la vida urbana.

Hay un detalle que se omite con frecuencia y que cambia todo: la D3 no debería tomarse sola, porque es una molécula de transporte de calcio, y la vitamina K2 es la que decide si ese calcio llega al hueso o termina depositándose donde no debe, como en arterias y tejidos blandos. La combinación de ambas es la que permite que el suplemento trabaje como debería.

Vuelvo al principio, a esa persona que durante años consumió ácido fólico como le habían indicado y sintió que nada cambiaba, y a todas las que están en la misma sin saberlo. A veces la diferencia entre seguir funcionando a medias y recuperar el timbre no está en un diagnóstico heroico ni en una dieta milagrosa, sino en un gen que casi nadie nombra, en un suplemento que se elige con un dato que casi nadie pide y en un médico dispuesto a mirar lo que parece menor y termina siendo central.

EP

Te puede interesar