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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo avisa antes que la tos: las pistas silenciosas de una neumonía que se confunde con un resfrío cualquiera

Médicos especialistas en pulmón sostienen que el cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas suelen aparecer antes que la fiebre, y que pasar por alto esas señales puede terminar en una internación, sobre todo en adultos mayores y en personas con defensas bajas.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 1 h
Cuando el cuerpo avisa antes que la tos: las pistas silenciosas de una neumonía que se confunde con un resfrío cualquiera

Tengo un vecino que se llama Horacio, tiene 72 años, vive a tres casas de la mía en un barrio cualquiera de acá, en el conurbano, y cada vez que nos cruzamos en la vereda me cuenta lo mismo: que el resfrío que le duró tres semanas no era un resfrío, que lo que tenía adentro era algo mucho más serio y que él no se había dado cuenta hasta que una noche le faltó el aire de verdad y la ambulancia tuvo que llevarlo de urgencia. Esa es exactamente la trampa de la neumonía, una enfermedad que a menudo arranca sin levantar la voz, mimetizándose con cualquier cuadro invernal, y que cuando finalmente muestra la cara ya dejó tela para cortar adentro del pulmón. Por eso me parece tan importante compartir esto que leí y charlé con especialistas, porque la diferencia entre agarrarla a tiempo y agarrarla tarde muchas veces se juega en esas primeras horas en las que uno todavía cree que es un resfrío y se automedica con un té.

La neumonía no es otra cosa que una infección que llega hasta los alvéolos, que son como los saquitos más chiquitos del pulmón, y los termina inflamando y llenando de líquido o de pus. Cuando eso pasa, el oxígeno que tiene que pasar del aire a la sangre ya no entra con la misma libertad, y el cuerpo empieza a protestar como puede. Las causas más frecuentes son tres: una bacteria, un virus o un hongo. Entre las bacterias aparecen dos nombres que conviene tener en mente, el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae, y entre los virus están los mismos que nos complican todos los inviernos, los de la gripe y el covid-19. Cómo evoluciona el cuadro depende de tres cosas: del bicho que la cause, de la edad que tengamos y del estado de salud previo, sobre todo si ya cargamos alguna enfermedad crónica.

Las señales que aparecen antes que la tos y la fiebre

Acá viene lo que a mí, como lector y como periodista, más me llamó la atención, porque uno tiene instalado en la cabeza que neumonía es igual a fiebre alta y a tos con flema, y resulta que no siempre es así. Hay un cuerpo de síntomas que llega primero, y pasa casi inadvertido. Lo que primero se nota es un cansancio profundo, de esos que no se explican, que te aplastan sin que hayas hecho ningún esfuerzo, y que muchas veces se confunde con el agotamiento del semana, del trabajo o de los nietos. También aparece una respiración más rápida de lo normal, como si de golpe le faltara aire al cuerpo, y pueden sumarse latidos acelerados, náuseas, falta de apetito y un malestar general difuso que el paciente no sabe ubicar pero que le hace sentir que algo adentro está funcionando mal.

“La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos. La tos es casi universal, pero algunas personas no tienen mucha fiebre.”Gerald Weinhouse, neumonólogo de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham

El especialista, en una frase que vale la pena guardar, separó dos cosas que muchos terminan mezclando: por un lado la tos, que suele estar aunque sea de manera leve, y por el otro la fiebre, que directamente puede no aparecer. Eso último es clave, y lo subrayo porque en los adultos mayores, y también en los pacientes con las defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal en lugar de estar alta. Dicho de otro modo: no tener fiebre no descarta la enfermedad, y tomarse la temperatura como única alarma puede ser un error con consecuencias. Cuando el cuadro ya está instalado y avanza, aparecen señales más duras, como presión arterial baja, diarrea y, lo que más preocupa a los médicos, cambios en el estado mental.

  • Confusión repentina, somnolencia fuera de lo habitual o desorientación: consultar de inmediato, sobre todo en mayores de 65 años.
  • Tos que persiste varios días y que va empeorando en lugar de mejorar.
  • Dolor en el pecho al inspirar, que suele ser punzante y aumenta con la tos.
  • Síntomas que reaparecen después de una mejoría inicial, lo que sugiere un cuadro que se profundizó.
  • Fiebre persistente de 39 grados o más que no cede con las medidas habituales.
  • Falta de aire cada vez más marcada, con respiración acelerada y latidos rápidos.

Quiénes tienen que mirarse con más cuidado

Los grupos donde la neumonía puede complicarse de verdad son bastante conocidos, pero vale la pena repasarlos porque uno siempre cree que no le toca. Están los bebés y los niños chiquitos, los adultos mayores, los fumadores y todas las personas que ya conviven con alguna enfermedad cardíaca, pulmonar, diabetes, asma o cáncer, o que están recibiendo tratamientos que bajan las defensas, como quimioterapia o inmunosupresores. Si alguien entra en alguno de esos grupos, la regla cambia: ya no alcanza con esperar a ver si se pasa solo. La consulta con un profesional tiene que ser temprana, aunque los síntomas parezcan modestos.

Porque las complicaciones que pueden aparecer si se deja pasar el tiempo no son menores. Está el derrame pleural, que es cuando se acumula líquido alrededor del pulmón y dificulta todavía más la respiración. Está la bacteriemia, que es el paso de bacterias a la sangre y que puede terminar sembrando la infección en otros órganos. Están los abscesos pulmonares, que son cavidades con pus dentro del propio pulmón, y está la insuficiencia respiratoria, que es la situación más grave, la que termina con el paciente internado, muchas veces en terapia intensiva, con oxígeno o con respirador. No es para asustar, es para entender que cuando un médico repite tanto lo de consultar temprano no lo dice por decir, lo dice porque las estadísticas lo respaldan.

Vuelvo a Horacio, mi vecino de 72 años, que es la razón por la que me quedé enganchado con este tema y quise traerlo al portal, porque él hoy cuenta la historia desde el lado de los que la pelearon y la ganaron, y me dijo algo que me parece que aplica para todos: yo pensé que era un resfrío y por no ir al médico casi me lo llevo puesto. Esa frase, simple y sin adornos, es la mejor síntesis de todo lo que está arriba. La neumonía puede empezar con cualquier cosa menos con la tos y la fiebre, y cuando uno más lo duda, justo ahí, es el momento de pedir una consulta.

EP

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