Croquetas de calabaza y parmesano: una masa cremosa que se sostiene sin bechamel
La calabaza cocida en microondas y el parmesano en polvo hacen las veces de espesante en una preparación otoñal que admite un corazón de queso gouda y se resuelve con doble rebozado para evitar que la masa se desarme al freír.
Para dar forma a cada croqueta se toma una porción del puré frío, se abre un hueco en el centro y se coloca un dado de queso gouda —o cualquier variedad semidura que funda bien—, cerrando la masa a continuación. El problema de una pasta tan cremosa, que tiende a deshacerse en el aceite, se resuelve con un doble rebozado: primero pan rallado, después huevo batido y otra vez pan rallado. Esa segunda capa endurece la cobertura y permite manipular una preparación que, sin ese paso, resultaría difícil de contener.
Fritura y presentación
La cocción final se hace en aceite abundante y bien caliente, por tandas, hasta obtener un dorado parejo. Recién después se escurren las croquetas sobre papel absorbente y se sirven como aperitivo o como plato principal ligero, acompañadas de una ensalada. La receta no exige productos difíciles de conseguir ni técnicas elaboradas: calabaza de temporada, un queso de buena fundición y la precaución de enfriar bien la masa antes de pasar al rebozado.
