Crónica de una búsqueda laboral en Ezeiza: 40 vacantes, diez cuadras de fila y la radiografía de un mercado de trabajo que no registra a la mitad de sus ocupados
Una distribuidora alimenticia del sur del conurbano bonaerense superó todas sus previsiones al convocar a entrevistas para cubrir alrededor de 40 puestos. La escena, registrada en una mañana reciente, vuelve a poner en primer plano el dato del INDEC que indica que casi la mitad de los empleos del país permanecen fuera del registro formal.
La convocatoria partió de una cifra modesta: alrededor de 40 vacantes. La escena que desbordó el predio de la distribuidora Cabaña Santa Marta, en el partido bonaerense de Ezeiza, alcanzó en cambio dimensiones que los responsables de la firma seguramente no habían previsto. Antes de las ocho de la mañana, hora prevista para el inicio de las entrevistas, la fila de postulantes ya superaba las diez cuadras sobre la calle Reconquista al 600, según relataron varios de quienes aguardaron durante horas bajo el sol para entregar su currículum. La postal, capturada en una jornada reciente, ilustra con crudeza el estado del mercado laboral argentino en el segundo trimestre de 2026: según los datos del INDEC, el Instituto Nacional de Estadística y Censos, casi la mitad de los puestos de trabajo del país siguen funcionando sin registro formal.
La empresa había comunicado la búsqueda a través de sus cuentas en Instagram y Facebook, dos de las redes sociales de mayor penetración en la región, y había pedido que los postulantes concurrieran con currículum impreso, documento de identidad y un formulario disponible en línea. Para evitar que la brecha digital dejara afuera a quienes no podían completar el trámite por esa vía, la firma aclaró que entregaría copias en papel durante la espera, con el objetivo declarado de garantizar igualdad de condiciones en la convocatoria.
Una madrugada de espera y procedencias diversas
Varios de los postulantes consultados contaron que la fila comenzó a formarse durante la noche anterior, en un contexto de temperaturas bajas y escasa iluminación sobre la vereda. A la hora pactada, según los mismos testimonios, la hilera ya excedía las diez cuadras. Muchos habían viajado desde localidades vecinas del conurbano sur, entre ellas Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y el distrito de Esteban Echeverría; varios concurrieron acompañados por amigos o familiares que, en algunos casos, decidieron sumarse a la búsqueda tras observar la magnitud de la convocatoria.
Los perfiles que se hicieron presentes, de acuerdo con los relatos recogidos, fueron variados y dan cuenta de la heterogeneidad de la demanda de empleo en el Gran Buenos Aires. Se acercaron jóvenes de 18, 19 y 20 años que buscaban su primer trabajo en blanco, personas con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción y comercio, y también trabajadores con trayectorias más largas que aspiraban a abandonar ocupaciones informales o de corta duración. Una joven que cursa la carrera de enfermería explicó que necesitaba un ingreso para sostener sus estudios; un muchacho de 18 años que había pasado por la construcción, la cocina y la mecánica manifestó que esperaba conseguir, según sus propias palabras, la primera oportunidad en blanco. El mismo joven agregó: Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando, una frase que condensa la percepción de que la finalización de los estudios secundarios opera como un requisito informal en buena parte de las búsquedas.
“Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando.”Postulante de 18 años, con antecedentes en construcción, cocina y mecánica
Trabajadores con empleo, pero sin estabilidad
La escena no reunió únicamente a personas desocupadas. También se hicieron presentes ocupados que buscan condiciones más estables. Un hombre de 41 años, actualmente empleado, admitió que concurrió a la convocatoria en busca de algo más estable, en sus propios términos. Una mujer que acumula más de seis años de trabajo sin registro declaró percibir alrededor de 600.000 pesos mensuales, pagar la cobertura médica de su bolsillo y llegar al fin de mes con lo justo; su expectativa era acceder a un empleo formal que le permitiera cubrir los servicios del hogar, los alimentos y los gastos corrientes.
Las pretensiones salariales de los asistentes, según los mismos testimonios, resultaron heterogéneas. Un postulante de 18 años consideró que necesitaría cerca de 1.200.000 pesos mensuales para alcanzar una mayor autonomía económica; otros mencionaron el salario mínimo, vital y móvil fijado para el período o montos apenas superiores que les permitieran cubrir los consumos básicos del grupo familiar. Las aspiraciones convivieron con la incertidumbre sobre la duración de la convocatoria: la distribuidora no había precisado, al momento de difundir la búsqueda, cuántos perfiles serían efectivamente incorporados ni en qué plazos.
Lo que aún falta confirmar
Hasta el cierre de esta nota, Cabaña Santa Marta no había informado públicamente cuántas entrevistas fueron concretadas durante la jornada ni cuántos postulantes resultaron preseleccionados para las aproximadamente 40 vacantes ofrecidas. Tampoco se habían difundido los criterios de selección ni el cronograma de las siguientes etapas del proceso. A ello se suma la necesidad de precisar la composición exacta de la fila en términos etarios y de género, dato que las imágenes y los testimonios recogidos permiten dimensionar de manera cualitativa, aunque sin respaldo cuantitativo oficial. Resta aguardar, en definitiva, que la empresa comunique los resultados del proceso de selección y que los datos del mercado laboral correspondientes al tercer trimestre de 2026 permitan calibrar si la escena registrada en Ezeiza constituye un hecho aislado o la expresión visible de una tendencia más amplia en el conurbano bonaerense.
