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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Costa Rica le abre la puerta a la Argentina con selva, volcanes y dos océanos a metros del alojamiento

El país centroamericano recibió cerca de 37.000 visitantes argentinos en el último año y muestra un alza del 6,7% en la temporada actual. Entre parques nacionales, rafting y termas, la oferta se ordena alrededor de una naturaleza que se deja ver sin grandes exigencia físicas.

Por Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña · · hace 5 d
Costa Rica le abre la puerta a la Argentina con selva, volcanes y dos océanos a metros del alojamiento

Arranco la nota con el parte de viaje: en San José arrancó la mañana con esa llovizna fina que ya me había avisado la gente de migración en Ezeiza, así que metí el piloto de la mochila, agarré el transfers hacia el centro y le dije al conductor que me llevaba hasta la Plaza de la Cultura que tenía pensado arrancar la recorrida por el casco viejo antes de meterme de lleno con la oferta de naturaleza y aventura que pone a Costa Rica en el radar fuerte del turista argentino.

Porque la lectura rápida de los números dice bastante: según los datos que maneja el Instituto Costarricense de Turismo, el país recibió cerca de 37.000 visitantes argentinos en el último año y en la temporada que corre se observa un incremento del 6,7%, una cifra que no es menor si se tiene en cuenta lo competitivo que está el mapa de destinos internacionales para el bolsillo del viajero de acá. Y la clave es que no estamos hablando de una moda pasajera: se trata de un destino que combina selva tropical, volcanes activos, playas sobre el Pacífico y sobre el Caribe, y un sistema de áreas protegidas que ocupa más del 25% del territorio, un porcentaje al que muy pocos países en el mundo se le animan.

Un país entero pensado para mirar y caminar

Con poco más de superficie que la provincia de Buenos Aires multiplicada por cinco, Costa Rica apila una biodiversidad que a mí, particularmente, me sigue asombrando: registra más de 900 especies de aves, y la fauna silvestre se deja avistar desde puntos relativamente accesibles del territorio, sin necesidad de meterse en expedición de quince días. Esa organización de la visita en torno a entornos poco alterados es, justamente, lo que hace que el destino seduzca a un perfil muy amplio de viajeros: no hace falta ser atleta ni tener experiencia previa en actividades outdoor para subirse a un puente colgante entre las copas de los árboles, hacer una caminata guiada, rafting, canopy o un avistaje de fauna con lente y paciencia.

El punto gravitatorio de la demanda, y acá lo confirmé charlando con operadores locales y con guías del Parque Nacional Volcán Arenal, sigue siendo el volcán Arenal y todo el circuito que lo envuelve: selva primaria, ríos que bajan torrentosos desde la falda y aguas termales que aparecen casi de imprevisto entre la vegetación. Es un combo que en pocos lados se consigue tan compacto. Y después, cuando uno quiere cambiar de paisaje, las costas del Pacífico y del Caribe suman playas de aguas cálidas que sirven tanto para el surfer que va a buscar ola como para el que llega con un libro bajo el brazo y la idea de no hacer absolutamente nada.

“La empresa tiene que hacer efectivo dentro de ese proceso de certificación cómo integrar al cliente dentro del proceso de funcionamiento del establecimiento. ¿Cómo es que el cliente participa en un ahorro del agua, desde preguntarle si quiere que le cambien las toallas todos los días o puede ser día por medio?”Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo (ICT)

Esa lógica de viaje cambió de manera notoria en los últimos años, y al margen de la aventura pura, el país le fue abriendo fila al turismo de bienestar. Retiros de yoga, termas, una gastronomía que trabaja con productos locales y alojamientos integrados al entorno natural configuran una propuesta que apunta a algo bastante concreto: cortar con el ritmo de la oficina, del celular y de la agenda, y volver a una rutina diaria que se parece más a la del que camina por la montaña que a la del que mira el reloj.

Por eso me parece interesante la segunda parte del razonamiento de Víctor Hugo Quesada, que me la dejó bastante clara cuando le pregunté por el sentido de certificar a los establecimientos con la etiqueta de sostenibilidad: "No solo consumís un producto turístico, es que te estás transformando porque estás participando directamente en un programa de sostenibilidad". Esa idea de que el viajero se va con algo más que una foto, y de que lo que aprende allá lo traslada después a la casa, es el corazón del modelo costarricense.

  • Selva tropical, volcanes activos, playas en el Pacífico y en el Caribe, todo en un radio de viaje corto: el país concentra paisajes muy distintos en distancias cortas.
  • Más del 25% del territorio bajo regímenes de protección, entre parques nacionales y reservas, lo que ordena la visita en torno a entornos poco alterados.
  • Actividades para todos los niveles: puentes colgantes, caminatas guiadas, rafting, canopy y avistaje de fauna sin requisitos de experiencia previa.
  • Volcán Arenal como punto gravitatorio de la demanda, con circuitos de aguas termales y selva tropical.
  • Bienestar integrado: retiros de yoga, termas, gastronomía local y alojamientos en contacto directo con la naturaleza.
  • Conectividad aérea directa desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta mediante Copa Airlines, y rutas con conexión en Bogotá y Lima con Avianca y Latam.

En materia de conectividad aérea, la oferta desde la Argentina es bastante razonable: Copa Airlines opera salidas regulares desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta hacia San José, mientras que Avianca y Latam cubren la ruta con conexión en Bogotá y Lima, respectivamente, lo que abre alternativas para quien prefiera horarios o tarifas distintas. Evelyn Figueroa, directora de Mercadeo del ICT, suele remarcar que Costa Rica funciona como destino durante todo el año, porque tiene estación seca y estación lluviosa pero ninguna de las dos corta la oferta de actividades; el período que va de mayo a octubre, con excepción de julio, suele ser el de menor afluencia y, por lo tanto, el que permite encontrar precios más bajos y una experiencia más tranquila para quien prefiera evitar la masividad. A mí, como periodista, lo que más me interesa es chequear siempre datos duros antes de armar la nota, y los datos oficiales del ICT, en este caso, dan la pauta de que el país está haciendo bien los deberes del lado de la sustentabilidad y de la conectividad. Si decidís ir, mi consejo práctico es simple: armá un itinerario que combine al menos una zona de selva con una zona de playa y meté en el medio un par de jornadas en la zona del Arenal, porque de esa forma se aprovecha mejor la diversidad del país sin gastar de más en traslados largos; el resto lo pone el paisaje.

NQ
Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña

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