Cinco señales que el cuerpo lanza y que conviene no dejar pasar por alto: la mirada de un cardiólogo de Cleveland Clinic
El especialista Ben Alencherry repasó los síntomas que justifican una consulta inmediata y explicó por qué los antecedentes familiares pesan aun cuando no hay molestias. Una guía para entender qué mirar en el día a día sin caer en alarmismos.
Cuando uno sale a caminar por la calle y ve a alguien que se detiene de golpe en medio de la vereda, agitado, apoyándose contra una pared mientras se lleva la mano al pecho, la primera reacción siempre es la misma: acercarse y preguntar si se siente bien. Lo que parece un gesto instintivo es, también, la mejor manera de entender por qué un cardiólogo como Ben Alencherry, de Cleveland Clinic, insiste tanto con la idea de prestar atención a las señales que el cuerpo lanza antes de que algo peor ocurra. El especialista repasó en una reciente charla cuáles son esos indicios que merecen una consulta rápida y por qué, en muchos casos, el tiempo juega a favor.
El dolor de pecho sin causa clara y el desmayo con el esfuerzo
- Dolor torácico que aparece sin una explicación evidente y que se repite o se prolonga.
- Pérdida de conocimiento durante el ejercicio o poco después de terminarlo, que obliga a suspender la actividad hasta saber por qué ocurrió.
- Falta de aire que aparece al caminar, subir escaleras o hacer compras cuando antes esas tareas no costaban.
- Palpitaciones, golpes intensos en el pecho o un ritmo irregular que obliga a interrumpir lo que uno está haciendo.
- Cansancio persistente que se suma a la falta de aire y que se diferencia del agotamiento pasajero.
Alencherry fue claro al explicar que esas manifestaciones pueden tener orígenes muy distintos. El dolor de pecho, por ejemplo, no siempre responde a una única causa: puede aparecer durante un infarto, pero también en otros cuadros cardíacos. Por eso, dijo, ningún indicio aislado alcanza para sacar conclusiones: lo que orienta a los profesionales es la combinación de los estudios con la historia clínica de cada persona.
“Una evaluación motivada por esos antecedentes puede permitir detectar la enfermedad aun cuando no haya síntomas, algo que sucede en algunas personas con la forma no obstructiva.”Ben Alencherry, cardiólogo de Cleveland Clinic
Entre las enfermedades que pueden esconderse detrás de estos avisos aparece la miocardiopatía hipertrófica, una afección que suele permanecer inadvertida durante años y que en muchos casos se transmite entre integrantes de una misma familia. Los antecedentes familiares, incluso cuando uno se siente bien, aportan información clave: hay personas que conviven con la variante no obstructiva sin darse cuenta y que recién la descubren a partir de un estudio pedido por un hermano, un primo o un hijo que sí presenta síntomas.
Alencherry también se detuvo en la sensación de desvanecimiento, que puede llegar acompañada de debilidad, náuseas, transpiración fría o alteraciones visuales. Cuando ese cuadro aparece ligado al esfuerzo físico, vinculó el cuadro con la variante obstructiva de la miocardiopatía hipertrófica, en la que el músculo engrosado del corazón dificulta que la sangre salga del ventrículo. Esa es, justamente, una de las situaciones en las que el especialista recomienda no seguir entrenando ni forzando al cuerpo hasta contar con un diagnóstico.
Volviendo a la escena del principio, lo que uno ve en la vereda muchas veces no es otra cosa que el cuerpo hablando a tiempo: un hombre que se detiene porque le falta el aire, una mujer que se sienta en el cordón porque le late el corazón como nunca, un vecino de 52 años que se marea subiendo una escalera que durante décadas subió sin pensar. Reconocer esos cambios y llevarlos a la consulta es, según Alencherry, la diferencia entre un susto y una detección temprana.
