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Cinco confiterías, un mismo sándwich: la pulseada que armé por las calles de Buenos Aires

Salí a recorrer cinco casas clásicas para comparar el triple de jamón y queso y los especiales. Lo que encontré me hizo repensar qué mirar antes de elegir, más allá del precio.

Por Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña · 23 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Arrancamos temprano, con un parte que no es de nieve sino de ciudad: cielo gris, unas gotas aisladas y ese olor a pan tostado que se cuela apenas cruzás la puerta de cualquier confitería de barrio. Yo tenía una misión sencilla y, a la vez, bastante ambiciosa: comparar el clásico triple de jamón y queso en cinco casas que forman parte del ADN porteño, y después sumarme a los especiales que cada una propone para pelear en otro segmento. La recorrida me llevó por Las Violetas, Dos Escudos, Caren, La Vicente López y La Piedad, cinco nombres que cuando los pronunciás en voz alta ya te dibujan una época.

Los triples de jamón y queso se movían en una franja muy acotada: arrancaban en los 3.200 pesos y terminaban en 3.500, según la casa. A primera vista, la diferencia parecía menor, casi despreciable. Pero cuando apoyás los sándwiches uno al lado del otro en una mesa y los empezás a mirar con detenimiento, el panorama cambia. La textura y la humedad de la miga, la cantidad y la distribución del jamón y el queso, y cómo cae el untado sobre el conjunto son tres detalles que a simple vista parecen técnicos y, en el fondo, son los que terminan definiendo la experiencia. Eso fue exactamente lo que tuve en cuenta para armar la comparación.

Tamaño, pan y los cien pesos que separan dosdos mundos

El caso que más me llamó la atención fue el que enfrentaba a Dos Escudos con La Piedad. El triple de Dos Escudos costaba 3.200 pesos y era el más chico del grupo: por su ancho, tenía casi la mitad del tamaño del de La Piedad, que se vendía a 3.300. Solo cien pesos separaban a uno del otro, y sin embargo en la mano se sentían como dos categorías distintas. Cuando me lo señaló Marcos, el pistero de Dos Escudos, me dijo algo que me quedó dando vueltas: Mucha gente se fija en el número y se olvida de mirar el sándwich. Tenés que pensar cuánto Comes por unidad, no solo cuánto pagás.

Cuando el hambre pide algo distinto y el bolsillo estira un poco más, aparecen los especiales con peceto. Dos Escudos ofrecía su versión en pan negro con lechuga, tomate y un toque de mostaza, a 3.600 pesos. Caren, en tanto, sumaba ese corte con tomate y huevo a 3.900. Son trescientos pesos de diferencia entre una propuesta y la otra, y otra vez la pregunta vuelve a ser la misma: estamos pagando por más relleno, por mejor pan o por el conjunto. No es un detalle menor a la hora de decidir.

  • La Vicente López se lució con un sándwich de queso, rúcula y tomate seco a 3.500 pesos. Confitería fundada en 1905 en zona norte, elabora su propio pan de miga y se nota.
  • Las Violetas llevó la discusión a otro rango con su opción de atún y queso, a 6.800 pesos, claramente fuera de la comparativa clásica.
  • La Piedad cerró la vuelta con un especial de vitel toné con alcaparras, del que no tengo precio a la vista pero que forma parte del abanico premium de la casa.

Lo que me llevo de esta recorrida, más allá de los números, es una forma nueva de mirar el sándwich de miga. Entre un triple de 3.200 y uno de 3.500 puede haber cien gramos de diferencia, una miga más seca o más húmeda, un jamón que se nota y uno que se pierde, un untado que integra todo y otro que se escurre por los costados. Por eso siempre les dejo a los lectores el mismo consejo práctico que repetí cada vez que me senté en una mesa nueva: pedir el sándwich en la barra antes de llevárselo, mirarlo de costado y calcularlo por mordida y no por precio, es la única manera de saber realmente qué estás pagando.

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Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña

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