Miércoles, 23 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Brad Pitt, el y un alemán que se hizo budista en el medio de la guerra

Siete años en el Tíbet vuelve a circular por el cable y las plataformas: la película de Jean-Jacques Annaud que mezcla aventura, geopolítica y una amistad inesperada entre un alpinista y el Dalai Lama. Repaso de un filme que le costó a su protagonista y a su director varios años de prohibición de entrada a China.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Hay pocas cosas más porteñas que mirar una película en la pantalla del living mientras afuera llueve suave y alguien pelea por el control remoto. Pero esta vez la propuesta viene de lejos: literalmente de las alturas del Himalaya. Siete años en el Tíbet (Seven Years in Tibet, 1997) es esa clase de filme que mezcla nieve, espiritualidad y un Brad Pitt con el pelo largo que todavía hoy sigue dando que hablar.

La historia arranca en 1939 y tiene más vueltas que un colectivo en hora pico. Heinrich Harrer es un alpinista austríaco de elite que deja a su esposa embarazada para irse a escalar. Sí, leé bien: abandona a la señora y al futuro heredero para perseguir glaciares. Tipazo. El plan le sale cruz: estalla la Segunda Guerra Mundial, queda varado en India y termina preso en un campo británico. Ahí empieza lo bueno (o lo malo, según cómo se mire).

De prisionero a invitado del Dalai Lama

Después de años de cautiverio, Harrer se fuga con un compañero y emprende una traversée rumbo al Tíbet. Lo que sigue es un viaje por el Himalaya que parece postcard pero se filma como película de aventuras de las de antes. En el camino, el alpinista termina recalando en la residencia del joven Dalai Lama, con quien entabla una amistad que es el verdadero corazón de la película.

Annaud (el mismo de El nombre de la rosa y El oso) usa el vínculo entre los dos como motor emocional: un occidental descreído que va soltando el ego a medida que se cruza con otra forma de mirar el mundo. El filme termina mostrando, además, los preparativos chinos para invadir el Tíbet, lo que le da a la historia una segunda capa más oscura y bastante vigente (spoiler: sigue vigente).

Las consecuencias fuera de la pantalla

  • En 1997, China prohibió los estrenos de Sony Pictures en su territorio como represalia directa por la película.
  • Tanto Brad Pitt como Jean-Jacques Annaud fueron incluidos en una lista negra de prohibición de ingreso al país.
  • La prohibición para el director se levantó en 2012, cuando pudo filmar El último lobo en suelo chino.
  • Pitt pudo entrar recién en 2014, después de más de una década de veto.

(A veces uno se pregunta si los gobiernos tienen mejores cosas que hacer que perseguir a un actor por un papel. Pero bueno, es China, y estas cosas suelen ser a largo plazo: más largas que la cola en el banco un viernes a las cinco).

A casi treinta años de su estreno, Siete años en el Tíbet sigue siendo un viaje raro: épico en lo geográfico, íntimo en lo humano y políticamente incómodo en lo internacional. Pitt hace de galán perdido en la montaña, Annaud le pone la cámara con paciencia europea y el Dalai Lama, sin proponérselo, se convierte en el verdadero coprotagonista.

Mi recomendación, sin vueltas: si te gustan las películas de aventuras con alma, dale play. Si te copa el drama de época con nieve de fondo, también. Y si te da fiaca la espiritualidad, paciencia: la montaña y el bufido del personaje igual te mantienen enganchado. Perfecta para un domingo de lluvia, con mate al lado y la pava empezando a silbar.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

Te puede interesar