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Bill Gates reconoce lo que hace un año negaba: la inteligencia artificial puede hacer más daño que bien si no hay reglas claras

El cofundador de Microsoft publicó un memorándum y un video en el que admitió que el avance de los modelos superó las expectativas de buena parte del público. Advirtió que el debate sobre cómo controlar la tecnología quedó recluido en el sector tecnológico y reclamó participación de cientistas sociales, expertos en políticas públicas y organismos estatales.

Por Valentina SepúlvedaPolítica provincial · 5 de septiembre de 2026 · hace 5 h

Hace un año, Bill Gates se mostraba confiado en que la inteligencia artificial traería más soluciones que problemas. Esta semana, el cofundador de Microsoft publicó un extenso memorándum y luego lo resumió en un video difundido en sus redes sociales donde reconoció un giro en su postura: la velocidad del avance de los modelos ya superó lo que buena parte del público anticipaba, y esa brecha representa un riesgo concreto si no se establecen mecanismos de control.

El argumento central del texto es que el ritmo tecnológico superó al debate público. Gates sostuvo que existe la posibilidad real de que los efectos negativos de la IA sean mayores que los positivos si no se actúa a tiempo. Aclaró que su planteo no busca frenar la innovación, sino identificar los problemas antes de que se vuelvan difíciles de revertir.

¿Por qué Gates cambió el tono?

“Me sorprende la falta de participación fuera de la industria en cuanto a los problemas que se plantearán y cómo evitar o minimizar los posibles efectos negativos de la IA.”Bill Gates, cofundador de Microsoft

La frase desnuda el punto débil del debate actual: las decisiones sobre una tecnología de alcance global siguen concentradas en las mismas empresas que la desarrollan. Gates señaló que algunos todavía creen que los sistemas de IA verdaderamente avanzados están a varias generaciones de distancia. Él no comparte esa lectura y considera que varios de los desafíos más complejos podrían presentarse antes de lo esperado.

¿Quiénes deberían participar y hoy no participan?

  • Científicos de otras disciplinas, más allá de la informática.
  • Expertos en políticas públicas con capacidad de diseñar marcos regulatorios.
  • Organismos estatales de distintos países, ya que los efectos no se limitan a una jurisdicción.
  • Organizaciones sociales que representen a los sectores potencialmente afectados.

Gates planteó que el debate no puede limitarse a las empresas que desarrollan los modelos ni a los especialistas en computación. Reclamó que cientistas sociales, funcionarios y organizaciones civiles también tengan voz en las decisiones sobre cómo se despliega esta tecnología.

El empresario reconoció que su postura representa un cambio respecto de su optimismo habitual. También admitió que no tiene todas las respuestas y que algunos de los desafíos requerirán colaboración global entre personas con conocimientos muy distintos. Aun así, mantuvo una visión positiva sobre el potencial de la IA para resolver problemas de escala global: mencionó herramientas para ayudar a agricultores afectados por el cambio climático y la posibilidad de acelerar avances científicos en salud, incluyendo el desarrollo de soluciones contra enfermedades como la malaria.

La contradicción es visible. Gates advierte sobre los riesgos y, al mismo tiempo, promueve los usos benéficos. Lo nuevo no es la promoción tecnológica, que ya estaba en su discurso de hace un año. Lo nuevo es la advertencia explícita de que, sin reglas claras y sin participación amplia, la IA puede terminar haciendo más daño que bien.

El cofundador de Microsoft sabe dónde está el centro de poder del sector. Por eso su aviso pesa más que el de cualquier académico: cuando el que construye las herramientas pide que otros decidan cómo se usan, el problema ya es demasiado grande como para ignorarlo.

VS
Valentina SepúlvedaPolítica provincial

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