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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Areco, más allá del gaucho: la pulseada diaria de los talleres de autor que le pelean mano a mano a la cinta transportadora

A 113 kilómetros de Buenos Aires, el pueblo de Güiraldes esconde un circuito de plateros, joyeros y diseñadores textiles que trabajan a la antigua: con la identidad como materia prima y la paciencia como herramienta principal. Recorrida por los talleres, los testimonios de quienes resisten desde hace décadas y los datos prácticos para escaparse este finde largo.

Por Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña · · hace 52 min
Areco, más allá del gaucho: la pulseada diaria de los talleres de autor que le pelean mano a mano a la cinta transportadora

Les cuento de arranque cómo está el día por estos pagos, porque siempre que uno piensa en escaparse a Areco lo primero que mira es el termómetro y el pronóstico. La jornada de hoy se presenta con cielo mayormente despejado, una brisa suave que mueve las hojas de los tilos de la plaza principal y una temperatura que ronda los 22 grados, ideal para caminar tranquilo entre talleres sin que el sol apriete. Así que si están pensando en pegar el salto desde Buenos Aires, es un buen momento para ir con un saco liviano y quedarse todo el día sin sufrir el calor del mediodía. Ahora sí, vamos a lo que nos importa que es la recorrida.

Cuando uno llega a San Antonio de Areco lo primero que busca es la postal clásica: el gaucho, la pulpería, la silueta del paisaje que Ricardo Güiraldes volvió literatura en Don Segundo Sombra. Pero si uno se toma el trabajo de doblar la esquina y meterse por los callejones laterales, termina encontrando algo que me parece igual de potente: un puñado de talleres donde la gente todavía trabaja con las manos, a un ritmo que nada tiene que ver con las de las que habla Juan Patricio Draghi, un platero del pueblo al que fui a visitar y que me abrió la puerta de su casa-taller sin ningún problema.

Cuatro décadas en el mismo mostrador

Juan Patricio lleva más de cuarenta años en el oficio. Me contó que su padre había abierto una joyería en el pueblo allá por los años cincuenta y que, con el correr del tiempo, fue sumando la platería a través de distintos aprendizajes. Él se metió en el taller a los doce años y hoy, con una mezcla de orgullo y de legado familiar, uno de sus hijos también trabaja ahí. Le pregunté por qué seguían eligiendo este camino en un mundo donde todo se produce en serie y me respondió algo que me dejó pensando: para él la cuestión no pasa solo por la técnica sino por la identidad que cada pieza lleva impresa, por esa impronta personal que no se puede en una cinta.

“En el mercado uno puede encontrarse con un producto similar al que uno hace. Para un comprador no experimentado puede resultar lo mismo un producto fabricado en India o China, que saca 30 por minuto de una cinta transportadora, y otro que a mí me lleva una semana de trabajo. Uno quiere tener una identidad a través del producto acabado, que tenga tu impronta.”Juan Patricio Draghi, platero de Areco

A pocas cuadras de ahí, en el taller de la familia, me crucé con María Belén Draghi, que es hija del platero y maestro soguero Raúl Draghi y que después de años de formarse en joyería de en la India, en Ecuador y en otros destinos volvió al pueblo con una mirada propia. Ella se especializa en piedras y en esmaltes, y cuando le pregunté por qué seguía eligiendo la plata como materia prima me dijo una frase que me parece que resume un poco el espíritu de todo este circuito: que para ella la plata es el metal más bonito del planeta, y que más allá del avance de las máquinas la gente siempre va a seguir buscando ese detalle, esa imperfección, esa mano y ese alma que hay detrás de cada cosa.

El estampado que dialoga con la tradición

El tercer taller que visité fue el de Mica Suide, una diseñadora textil que llegó a Areco en 2021 y que desde entonces trabaja estampado bajo la marca Agave. Me contó que viene de formarse en Japón y que un día, durante las fiestas de la Tradición, se quedó fascinada con las prendas gauchescas que veía desfilar por la calle: las boinas, los pantalones anchos, las alpargatas. A partir de ahí empezó a tomar esos códigos y a volcarlos en sus colecciones, que elabora principalmente con algodón y lino. Le pregunté cómo veía el futuro del oficio y me respondió algo que me parece que aplica para la platería, para la joyería y para el diseño de indumentaria: que con el tiempo va a ser cada vez más valioso que uno se compre una prenda y la vea pintada a mano, hasta con una mancha, porque esa marca es la prueba de que alguien le puso el cuerpo.

  • Pasajes en bus desde 14.000 pesos por persona desde Buenos Aires, saliendo desde Retiro y con llegada a la terminal del pueblo.
  • Alojamiento: hay hoteles cuatro estrellas con tarifa que arranca en 229.000 pesos la noche para dos personas en habitación estándar.
  • Cómo moverse: el casco histórico y los talleres se recorren perfectamente a pie, no hace falta auto ni remise.
  • Cuándo ir: los fines de semana largo y durante las fiestas de la Tradición son los momentos donde se ve el pueblo más activo, con desfiles de gauchos y peñas.
  • Qué llevar: efectivo para comprar en los talleres, porque muchos no aceptan tarjeta o tienen sistema de posnet que se resetea seguido.
  • Galería a cielo abierto: el pueblo estrenó un recorrido de arte urbano que se puede visitar en cualquier momento, sin guía.

Como consejo práctico final, lo que les diría a los que estén pensando en ir es que no se queden solo con la plaza ni con la pulpería histórica. Dense el tiempo de meterse en los talleres, golpear la puerta y preguntar, porque detrás de cada casa de Areco hay un oficio que se transmite de generación en generación o que llega desde lejos para quedarse. Y si tienen la posibilidad, háganlo en un día como el de hoy, con este clima que invita a caminar despacio, mirar vidrieras y conversar con quien todavía tiene la paciencia de trabajar las cosas con las manos.

NQ
Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña

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